Comedias II
Comedias II SI.— Bueno, marido, te juro que lo tiene ella todos los dÃas y lo ha tenido también hoy, y lo tendrá luego a la noche: jamás la he dejado dormir sola, que si ella no tuviera marido, toda mi [45] casa se morirÃa de hambre en forma bien lastimosa.
GI.— No me queda otro remedio, madre, sino hacer lo que tú dispones.
SI.— Te aseguro que no pido más, si estás dispuesta a portarte asà como dices. Y es que si te portas asà como yo quiero que te portes, pues no te pondrás nunca vieja como yo, sino que conservarás siempre esa edad tan bonita que tienes ahora y [50] traerás a muchos la ruina y a mÃ, buenas perras sin gasto alguno por mi parte.
GI.— ¡Los dioses te oigan!
SI.— Sin tu colaboración no pueden los dioses nada.
GI.— Te juro que yo pondré de mi parte lo que pueda. Pero nosotras aquà venga a charlar y tú, cielito mÃo, Selenio mÃa de mi alma, nunca te vi tan apenada. Dime, por favor, ¿por qué te falta la alegrÃa de siempre? No estás tan bien puesta como [55] otras veces (fÃjate qué suspiro tan hondo ha dado) y estás descolorida. Dinos qué es lo que te pasa y en qué te podemos ayudar, que lo sepamos. No llores, que vas a hacer que se me salten a mà también las lágrimas.
