Comedias II
Comedias II SEL.— ¡Ay pobre de mÃ, querida Gimnasio, no sabes cómo sufro!; estoy pasando mucho, me consumo de pena; dolor y [60] dolor y nada más que dolor: en el alma, en los ojos, esta congoja. ¿Qué quieres que te diga, sino que es por mi locura que me veo arrastrada a esta situación tan triste?
GI.— Haz por enterrar la locura allà mismo de donde nace.
SEL.— Pero ¿cómo?
GI.— Escóndela en los últimos escondrijos de tu alma; que seas tú sola la que seas consciente de ella, sin que tenga nadie más que ver en el asunto.
[65] SEL.— Pero es que es en el corazón donde me duele.
GI.— ¡Oye!, ¿el corazón?, ¿de dónde lo sacas?, dÃmelo, si es que eres capaz, ¡corazón!, que ni lo tengo yo ni ninguna otra mujer, según lo que dicen los hombres.
SEL.— Si es que tengo corazón para sentir el dolor, me duele; si es que no lo tengo, pues a pesar de eso me duele aquà (señalando al corazón).
GI.— Ésta está enamorada.
SEL.— Oye, pero ¿es que es el enamoramiento una cosa amarga, por favor?
