Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II sino que la mayorÃa de ellas tienen como pregoneros, precursores y mensajeros a la indigestión y la torpeza de movimientos. «Pesadez y fatiga, —dice Hipócrates[327]— sin causa aparente son anuncio de alguna enfermedad», porque, al parecer, el espÃritu alrededor de los nervios se encuentra sujeto a tensión y obstrucción, debido a la abundancia de humores en el interior del cuerpo. No obstante, algunos hombres, aunque su cuerpo se resista de algún Emodo y les esté pidiendo lecho y tranquilidad, por glotonerÃa y amor a los placeres, se lanzan a los baños y corren apresuradamente a los banquetes, se hartan como si fueran a un asedio y temiesen que les cogiera la fiebre en ayunas; otros, más hábiles, no incurren, en efecto, en esta falta, sino en otra mucho peor, ya que al no admitir por vergüenza una intoxicación o una indigestión y al no querer permanecer todo el dÃa entre ropas, cuando los demás van al gimnasio y los convidan, levantándose, se desnudan y hacen los mismos ejercicios que los sanos. Pero a la mayor parte de ellos una esperanza, que tiene el proverbio[328] como abogado de su intemperancia y molicie, los persuade Fe induce a caminar, poniéndose en pie con osadÃa, hacia los lugares acostumbrados, con la confianza de dominar y expulsar el vino con el vino y la borrachera con la borrachera[329]. Mas a esta esperanza debemos oponer aquella precaución de Catón, la cual, como dice aquel gran hombre, «hace pequeñas las cosas grandes y las pequeñas las destruye completamente[330]», y pensar que es mejor aceptar la abstinencia y la tranquilidad sin necesitarlas que, por ser 128Alanzados, jugarnos a los dados la salud por un baño o una comida, ya que, si existe alguna enfermedad, la empeorará el no haber tenido precaución y el no haber querido abstenerse y, si no existe, no le causará mal alguno al cuerpo la restricción y lo limpiará. Pero aquel que como un niño, por temor a que sus amigos y familiares sepan que está enfermo por haber comido o bebido demasiado, por avergonzarse hoy de admitir una indigestión, mañana tendrá que admitir una diarrea, fiebre o cólico. «Cosas más vergonzosas tendrÃas que soportar, si te avergüenzas de la pobreza[331]», pero mucha mayor vergüenza es arrastrar una indigestión, una pesadez o saciedad del cuerpo, que es arrastrado al baño como lo es al mar un barco averiado y sin cubrir.