Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Una joven espartana, al preguntarle alguien si ya se había acercado a su marido, dijo: «Yo no, pero él a mí sí[436]». Este comportamiento, creo yo, es el propio de la dueña de la casa: no debe huir ni disgustarse con tales cosas, si las comienza su marido, y no debe tomar ella la iniciativa; pues lo uno es propio de concubinas y desvergonzadas, y lo otro, arrogancia y falta de cariño natural.
No conviene que la mujer tenga amigos particulares, sino que disfrute con los de su marido juntamente con él. Los dioses son los primeros amigos y los más importantes. DPor ello conviene a la mujer adorar y conocer sólo a los dioses en los que cree su marido y cerrar la puerta principal de su casa a cultos mágicos y a supersticiones extranjeras[437], pues no agradan a ninguno de los dioses las prácticas religiosas hechas por una mujer de forma oculta y secreta.