Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Los generales ordenaban a los griegos que servían en el ejército de Ciro[462] que recibiesen en silencio a los enemigos, si éstos los atacaban gritando, y si guardaban silencio, que ellos los atacasen con gritos. Así las mujeres sensatas, cuando los maridos están airados y dan voces, ellas se mantienen tranquilas, pero tan pronto como se han callado, intentan calmarlos hablándoles y animándolos.
Eurípides[463] acusa con razón a los que usan la lira en los banquetes. Convenía más, en verdad, servirse de la múDsica en los enojos y en los sufrimientos, que relajar aún más a los que están disfrutando de los placeres. Así pues, pensad vosotros que están en un error aquellos que por placer duermen juntos, pero cuando se irritan o surge alguna diferencia, se acuestan separados y no llaman entonces, sobre todo, a Afrodita que es el mejor médico de tales males. Como también enseña el poeta en cierto lugar cuando hace decir a Hera:
Y anularé vuestras innumerables rencillas
llevándoos hacia el lecho para que os unáis en el amor[464].