Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Además, tú, Poliano, puesto que estás en una edad propicia para practicar la filosofÃa, adorna tu carácter con los discursos que se acompañan de demostraciones y deliberaciones, frecuentando y buscando la compañÃa de aquellas personas que puedan ayudarte. Reuniendo de todas las partes, como las abejas, lo provechoso y llevándolo tú mismo en ti mismo, haz a tu mujer partÃcipe de ello y discútelo con ella, para que le sean familiares y de su uso los discursos mejores. Porque para ella «eres» el padre «y la venerada madre asà como el hermano[486]». Y no es menos honroso oÃr a tu mujer que diga: «Esposo, tú eres para mÃ[487] CguÃa, filósofo y maestro de las cosas más bellas y divinas». Tales enseñanzas, principalmente, alejan a las mujeres de una conducta indecorosa. En efecto, una mujer que está aprendiendo geometrÃa se avergonzará de bailar y no admitirá los encantamientos de los filtros, si está hechizada con los escritos de Platón y Jenofonte. Y si alguna maga le promete que hará bajar la luna, se reirá de la ignorancia y necedad de las mujeres que se creen estas cosas, pues ella no desconoce la astrologÃa y ha oÃdo que Aglaonice, la hija de Hegétor de Tesalia, por ser experta en eclipses de luna llena y por conocer de antemano el tiempo en que Dsucede que la luna es obscurecida por la sombra de la tierra, engañaba y convencÃa a las mujeres de que ella hacÃa bajar la luna[488]. Se dice que ninguna mujer ha dado jamás a luz un niño sin la participación de un hombre, y a los nacimientos deformes y monstruosos y que reciben su naturaleza por sà mismos a partir de una corrupción, los llaman molas[489]. Se tendrá cuidado para que esto no surja en las almas de las mujeres. En efecto, si ellas no reciben las simientes de discursos provechosos, ni participan con los maridos de la educación, ellas mismas, solas, engendran multitud de proyectos y pasiones extraños y pernicioEsos. Tú, EurÃdice, intenta sobre todo familiarizarte con las máximas de las personas sabias y buenas y tener siempre en la boca aquellas enseñanzas que, cuando todavÃa eras joven, aprendiste a nuestro lado, para que alegres a tu marido y seas admirada por las demás mujeres, adornada sin costarte nada de manera tan preciosa y digna. Realmente, las perlas de la mujer rica y los vestidos de seda de la mujer extranjera no se pueden tener ni se pueden llevar sin comprarlos a un alto precio. En cambio, los adornos de Téano[490], de Cleobulina[491], de Gorgo[492], la mujer de Leónidas, de Timoclea[493], la hermana de Teágenes, de aquella antigua Claudia[494] y de Cornelia[495], hija de Escipión, y cuantas fueron admiradas y famosas, estos adorFnos puedes tú llevarlos sin costarte nada y, adornada con ellos, vivir digna y felizmente. Porque, si Safo, a causa de sus bellas composiciones poéticas, estaba tan orgullosa, que escribió a una dama muy rica:146A