Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II La ignorancia y el desconocimiento sobre los dioses corren ya desde su origen por dos canales, de los cuales, el uno produce, en los caracteres obstinados, como en suelos duros, el ateÃsmo, y el otro, en los caracteres blandos, como en suelos húmedos, la superstición[751]. En realidad, toda opinión falsa, sobre todo en torno a estas cuestiones, es perniciosa, pero cuando también está presente la pasión, es más perniciosa. En efecto, toda pasión parece ser una herida que se inflama[752]; y, asà como las luxaciones de los miembros[753] acompañadas de heridas son más penosas, del mismo modo lo son los extravÃos del alma, si van acompañados de la pasión. Un hombre cree, por ejemplo, que los átomos y el espacio vacÃo son los principios de todas las cosas[754]. Su opinión es falsa, pero no causa herida alguna, ni palpitaciones del corazón, ni dolor que perturbe. 165AUn hombre entiende que la riqueza es el bien más grande. Esta falsedad encierra veneno, roe su alma, lo confunde, no le deja dormir, lo llena de tormentos, lo empuja contra las rocas, lo ahoga y lo priva de la libertad de expresión. A su vez, algunos piensan que la virtud y el vicio son algo corporal[755]. Este error es igualmente torpe, pero no es digno de lamentos y quejas. Sin embargo, hay juicios y opiniones como éstos:
Oh infortunada virtud, tú eras en efecto una palabra, pero yo te practiqué como una realidad[756],