Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II PolÃcrates[776] fue un tirano terrible de Samos, como lo fue Periandro[777] de Corinto, pero nadie temÃa a estos homDbres cuando se trasladaba a una ciudad libre y democrática. Pero el que teme el gobierno de los dioses como a una tiranÃa sombrÃa e inexorable, ¿a dónde se trasladará, a dónde huirá, qué tierra encontrará sin dioses, qué mar? ¿Sumergiéndote en qué parte del mundo y ocultándote a ti mismo, oh desdichado, puedes creer que vas a escapar a la divinidad? Incluso para los esclavos que han desesperado de obtener la libertad, existe una ley que les permite pedir ser vendidos y cambiar, asÃ, su amo por otro más moderado. Pero la superstición no permite un cambio de los dioses, ni es posible encontrar un dios al que no tema el que teme a los dioses de sus padres y de su raza, el que se estremece ante sus salvadores y bienhechores[778] y teme a aquéllos a los que pedimos la riqueza, la prosperidad, la paz, la concordia y el éxito de nuestros mejores discursos y acciones. Luego, éstos piensan que el ser esclavos es una desgracia y dicen:
EPara un hombre y para una mujer es una desgracia terrible
convertirse en esclavo y tener unos amos crueles[779].