Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Ea, observa en primer lugar al ateo en circunstancias no deseadas por él y examina con cuidado su disposición. Si en lo demás es moderado, cómo sufrirá en silencio su fortuna actual y cómo tratará de procurarse a sà mismo ayuda y consuelo; pero, si lo soporta mal y está muy molesto, cómo dirigirá todos sus lamentos contra la fortuna y la casualidad[799] y cómo gritará que nada sucede con arre168Aglo a la justicia ni por la providencia, sino que todas las cosas de los hombres marchan y se arrastran confusa y desordenadamente. Ésta no es, sin embargo, la actitud del supersticioso, sino que, si ocurre un mal muy pequeño, se sienta, inventando con su tristeza otros padecimientos penosos, grandes, irremediables, y se aflige a sà mismo con espantos, temores, sospechas y perturbaciones, asaltado por toda clase de lamentos y gemidos; pues él ni acusa de todo a un hombre ni a la fortuna ni a la ocasión ni a él mismo, sino a la divinidad, y dice que de aquà procede y se arroja Bsobre él un flujo demónico de ruina y que, no porque es un hombre odiado por los dioses, es castigado y paga su pena, suponiendo que todo lo sufre convenientemente por su propia culpa. Pero el ateo, cuando está enfermo, tiene en cuenta y recuerda sus comilonas y borracheras, los desórdenes en su forma de vivir o las fatigas excesivas o los cambios desacostumbrados de aires y de lugares; después, si ha fracasado en la administración pública y ha caÃdo en una mala reputación ante el pueblo o en calumnias ante un jefe, busca la causa en sà mismo y en las cosas que lo rodean.