Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II EDicen que Teribazo[813], al intentar detenerlo los persas, desenvainó su sable y luchó con energía, pues era un hombre muy fuerte, pero cuando le aseguraron y gritaron que lo querían detener, porque lo ordenaba el rey, tiró al punto su espada y ofreció sus dos manos para que se las ataran. Así pues, ¿acaso lo que está sucediendo no es semejante a esto? Los demás luchan con energía contra las desgracias y rechazan las dificultades, ideando para sí mismos fugas y formas de alejar las cosas no deseadas, en cambio el supersticioso, sin escuchar a nadie, diciéndose a sí mismo: «Tú, oh desgraciado, padeces estas cosas por la providencia y porque lo manda la divinidad», rechaza toda esperanza, se da por vencido, huye y rechaza a los que intentan ayudarle.
FLas supersticiones convierten en funestos muchos males que lo son moderadamente. Midas[814] el Viejo, al parecer, abatido y perturbado a causa de ciertos sueños, tenía tan descarriada su mente, que voluntariamente se suicidó bebiendo sangre de toro[815]. Y Aristodemo[816], rey de los mesenios, en la guerra contra los lacedemonios, porque unos perros aullaban como lobos, y la grama crecía alrededor de su hogar paterno[817] y los adivinos sentían temor ante las señales, perdiendo el valor y apagando sus esperanzas, él mismo se dio muerte.