Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Por ello, no debemos tomar a mal, si nos piden lo que nos prestaron para un corto espacio de tiempo[220]; pues ni siquiera los banqueros, como solemos decir con frecuencia, cuando se les pide el dinero que se les ha confiado, se disgustan por la devolución, si son honestos. Sin duda a los que no hicieran la devolución de forma complaciente, uno les podría decir con razón: «¿Te has olvidado de que tú recibiste esto con la condición de devolverlo?». Esto es lo que les sucede a todos los mortales. Tenemos nuestra Bvida como un préstamo que se ha de devolver a los dioses que la han depositado en nosotros por necesidad, y no existe tiempo alguno fijado para su devolución, como tampoco lo hay para la devolución del dinero que entregamos a los banqueros, sino que es incierto cuándo lo pedirá el que lo ha entregado. Por tanto, un hombre, si se disgusta demasiado, bien porque él mismo vaya a morir o por la muerte de sus hijos, ¿cómo no va a ser porque evidentemente ha olvidado que él mismo es un hombre y que engendró hijos mortales? En verdad, no es propio de un hombre sensato desconocer que el hombre es un ser mortal y que nació para morir. Si, por ejemplo, Níobe, la de los mitos[221], hubiera tenido siempre presente esta creencia, que incluso la mujer que
con una vida florecienteC
y que henchida con el crecimiento de sus hijos,
mira la dulce luz del sol[222],