Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Por tanto, cuando uno de estos raros y extraños goces nos sobreviene, debemos de ufanarnos más de su abstinenDcia que de su disfrute, acordándonos de que, como decÃa Simónides[306], nunca él se arrepintió de haber callado, pero sà muchas veces de haber hablado; asÃ, nosotros tampoco nos arrepentiremos si rechazamos alguna golosina ni si bebemos agua en lugar de vino de Falerno. Todo lo contrario, no sólo no se debe forzar la naturaleza, sino que si alguna de estas cosas se le ofrece, aun cuando esté necesitada de ellas, se ha de dirigir muchas veces el apetito por costumbre y práctica hacia las más simples y familiares. «Ya que, si es necesario cometer injusticia —dice el tebano[307], que no tiene razón cuando añade—: lo más bello es cometer injusticia por el poder». Y nosotros lo mejor es que, si deseamos ganar honra en tales cosas, procuremos actuar con gran moderación en favor de nuestra salud. ESin embargo, su vileza y mezquindad obligan a algunos a reprimir y restringir en casa sus deseos, mientras se sacian en casa de otros y disfrutan de cosas delicadas y suntuosas, como si se enriquecieran sin contemplaciones con el botÃn obtenido en una guerra. Luego se marchan a casa indispuestos, con una indigestión para el dÃa siguiente como viático a su gula. Asà pues, Crates[308], pensando que, sobre todo por la molicie y el despilfarro, se originan en las ciudades las revoluciones y las tiranÃas, daba entre juegos y bromas este consejo: