Berenice
Berenice Entre la numerosa serie de enfermedades provocadas por aquella primera y fatal, que desencadenó una revolución tan horrible en el ser moral y fÃsico de mi prima, hay que mencionar como la más angustiosa y obstinada una clase de epilepsia que con frecuencia terminaba en catalepsia, estado muy parecido a la extinción de la vida, del cual, en la mayorÃa de los casos, se despertaba de forma brusca y repentina. Mientras tanto, mi propia enfermedad -pues me han dicho que no deberÃa darle otro nombre-, mi propia enfermedad, digo, crecÃa con extrema rapidez, asumiendo un carácter monomanÃaco de una especie nueva y extraordinaria, que se hacÃa más fuerte cada hora que pasaba y, por fin, tuvo sobre mà un incomprensible ascendiente. Esta monomanÃa, si asà tengo que llamarla, consistÃa en una morbosa irritabilidad de esas propiedades de la mente que la ciencia psicológica designa con la palabra atención. Es más que probable que no me explique; pero temo, en realidad, que no haya forma posible de trasmitir a la inteligencia del lector corriente una idea de esa nerviosa intensidad de interés con que en mi caso las facultades de meditación (por no hablar en términos técnicos) actuaban y se concentraban en la contemplación de los objetos más comunes del universo.
