El ángel de lo raro. Extravagancia.
El ángel de lo raro. Extravagancia. Esto me indujo a mirar inmediatamente delante de mis narices y, en efecto, sentado en la parte opuesta de la mesa vi a un es-trambótico personaje del que, sin embargo, trataré de dar alguna descripción. TenÃa por cuerpo un barril de vino, o una pipa de ron, o algo por el estilo que le daba un perfecto aire a lo Falstaff. A modo de extremidades inferio-res tenÃa dos cuñetes que parecÃan servirle de piernas. De la parte superior del cuerpo le salÃan, a guisa de brazos, dos largas botellas cuyos cuellos formaban las manos. La cabeza de aquel monstruo estaba formada por una especie de cantimplora como las que usan en Hesse y que parecen grandes tabaqueras con un agujero en mitad de la tapa. Esta cantimplora (que tenÃa un embudo en lo alto, a mo-do de gorro echado sobre los ojos) se hallaba colocada sobre aquel tonel, de modo que el agujero miraba hacia mÃ; y por dicho agujero, que parecÃa fruncirse en un mohÃn propio de una solterona ceremoniosa, el monstruo emi-tÃa ciertos sonidos retumbantes y ciertos gru-
ñidos que, por lo visto, respondÃan a su idea de un lenguaje inteligible.
-Digo –repitió- que debe estar más borracho que un cerdo para no verme sentado a su lado. Y digo también que debe ser más estú-
