El ángel de lo raro. Extravagancia.
El ángel de lo raro. Extravagancia. ños, como ellos lo denominan. Pero una inte-ligencia reflexiva ( como la mÃa, pensé entre paréntesis apoyándome el Ãndice en la nariz), un entendimiento contemplativo como el que poseo, advierte de inmediato que el maravi-lloso incremento que han tenido recientemente dichos accidentes extraños es en sà el más extraño de los accidentes. Por mi parte, estoy dispuesto a no creer de ahora en adelante nada que tenga alguna apariencia singular.
-¡TÃos mÃo, que estúpido es usted, verda-deramente! –pronunció una de las más nota-bles voces que jamás haya escuchado.
En el primer momento creà que me zum-baban los oÃdos (como suele suceder cuando se está muy borracho), pero pensándolo mejor me pareció que aquel sonido se asemeja-ba al que sale de un barril vacÃo si se lo gol-pea con un garrote; y hubiera terminado por creerlo de no haber sido porque el sonido contenÃa sÃlabas y palabras. Por lo general, no soy muy nervioso, y los pocos vasos de Laffitte que habÃa sido saboreado sirvieron para darme aún más coraje, por lo cual alcé los ojos con toda calma y los paseé por la habitación en busca del intruso. No vi a nadie.
-¡Humf! –continuó la voz, mientras seguÃa yo mirando-. ¡Debe estar más borracho que un cerdo, si no me fe sentado a su lado!
