El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas De todos cuantos anhelan tu presencia como la mañana,
de todos cuantos padecen tu ausencia como una noche,
como el destierro inapelable del sol sagrado
allende el firmamento; de todos los dolientes que a cada instante
te bendicen por la esperanza, por la vida, ah, y sobre todo,
por haberles devuelto la te extraviada, enterrada,
en la verdad, en la virtud, en la raza del hombre…
De todos aquellos que, cuando agonizaban en el lecho impío
de la desesperanza, se han incorporado de pronto
al oírte susurrar con dulzura: «¡Que haya luz!»,
al oírte susurrar esas palabras acentuadas
por el balsámico brillo de tus ojos…
De todos tus numerosos deudores, cuya gratitud
raya la veneración, recuerda, oh, no olvides nunca
a tu devoto mas ferviente, al mas incondicional,
y piensa que estas lineas vacilantes las había escrito él.
