El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas Pero era tanto más fuerte nuestro joven amor
que el de toda la gente de allÃ,
que el de gente mayor y más sabia, ¡oh, sÃ!
que ni los ángeles del cielo ulterior
ni los demonios bajo el mar turquÃ
podrán separar mi alma del alma
de la hermosa Annabel Lee.
Pues la luna, al brillar, me invita a soñar
en la hermosa Annabel Lee;
y al salir los luceros veo los ojos certeros
de la hermosa Annabel Lee;
y asà paso, tendido a su lado, las noches,
velando a mi amada, mi amor, mi consorte,
en su sepulcro junto al mar turquÃ,
el mar que ruge por ella y por mÃ.