El escarabajo de oro
El escarabajo de oro —No; aquello tenÃa el aspecto de papel, y al principio yo mismo supuse que lo era; pero, cuando quise dibujar sobre él, descubrà en seguida que era un trozo de pergamino muy viejo. Estaba todo sucio, como recordará. Bueno; cuando me disponÃa a estrujarlo, mis ojos cayeron sobre el esbozo que usted habÃa examinado, y ya puede imaginarse mi asombro al percibir realmente la figura de una calavera en el sitio mismo donde habÃa yo creÃdo dibujar el insecto. Durante un momento me sentà demasiado atónito para pensar con sensatez. SabÃa que mi esbozo era muy diferente en detalle de éste, aunque existiese cierta semejanza en el contorno general.