El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma —¡Oh, mucho tiempo! Por lo menos, un mes…, no podrÃa decir exactamente cuánto. Pero, entretanto, lo pasaron admirablemente, eso puedo jurárselo. Tiraron sus viejas ropas ajadas y se apoderaron del guardarropa y las joyas de la familia. La bodega del establecimiento estaba bien provista de vino, y esos diablos de locos son precisamente los que mejor saben beberlo. Vivieron muy bien, se lo aseguro.
—Y el tratamiento… ¿En qué consistÃa ese tratamiento especial que puso en práctica el jefe de los rebeldes?
—Pues bien; como ya le he hecho notar, un loco no es necesariamente un tonto, y en mi honesta opinión, dicho tratamiento era muchÃsimo mejor que el anterior. ConsistÃa en un sistema verdaderamente extraordinario… muy sencillo… pulcro… nada complicado… realmente delicioso… Era…
Las observaciones de mi huésped se vieron bruscamente interrumpidas por una nueva serie de alaridos semejantes a los que tanto nos habÃan desconcertado previamente. Pero esta vez parecÃan proceder de personas que se aproximaban rápidamente.
—¡Santo Dios! —grité—. ¡Los locos han debido escaparse…!
—Mucho me lo temo —replicó Monsieur Maillard poniéndose mortalmente pálido.