Eureka
Eureka Se recordará que yo mismo he supuesto eso que llamamos éter. He hablado de una sutil influencia que acompaña siempre a la materia, aunque sólo resulta manifiesta en la heterogeneidad de la misma. A esa influencia, sin atreverme a tocarla en ningún esfuerzo por explicar su pavorosa naturaleza, he referido los variados fenómenos de electricidad, calor, luz, magnetismo; y aún más: de vitalidad, conciencia y pensamiento, en una palabra, de espiritualidad. Se verá de inmediato entonces que el éter así concebido es radicalmente distinto del éter de los astrónomos, por cuanto el de ellos es materia y el mío no.