Eureka

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Esta tesis admite una elección entre dos maneras de discutir: podemos ascender o descender. Comenzando por nuestro propio punto de vista —la Tierra, en la cual nos hallamos—, podemos pasar a los otros planetas de nuestro sistema, luego al Sol, de ahí a todo nuestro sistema considerado colectivamente, y de ahí, a través de otros sistemas, más allá, indefinidamente; o, comenzando en lo alto por algún punto tan definido como quepa entenderlo o concebirlo, podemos descender a la morada del hombre. Por lo común, es decir, en los ensayos corrientes de astronomía, se adopta con cierta reserva el primero de estos modos, y ello por la evidente razón de que, siendo su objeto los meros hechos y los principios astronómicos, se le alcanza mejor ascendiendo gradualmente desde lo conocido, por ser próximo, hacia el punto en que toda certeza se pierde en lo remoto. Sin embargo, para mi propósito actual: el de capacitar a la mente para aprehender como de lejos y de una sola mirada una distante concepción del universo individual, está claro que un descenso a lo pequeño desde lo grande, a los bordes desde el centro (si podemos establecer un centro), al fin desde el principio (si podemos imaginar un principio), sería la marcha preferible si no existiera la dificultad —por no decir la imposibilidad— de presentar en este proceso a los que no son astrónomos un cuadro inteligible de las consideraciones implícitas en la idea de cantidad, es decir, en el número, la magnitud y la distancia.


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