Eureka
Eureka Como punto de partida adoptemos, pues, la Divinidad. Con respecto a esta Divinidad en sà misma, sólo no es Imbécil, sólo no es impÃo, el que no propone nada. «Nous ne cónnaisons rien —dice el barón de Bielfeld—, nous ne connaissons rien de la nature ou de l’essence de Dieu: pour savoir ce qu’il est, il faut étre Dieu méme». «No conocemos nada acerca de la naturaleza o de la esencia de Dios; para saber qué es, se necesita ser Dios mismo».
¡Se necesita ser Dios mismo! Con una frase tan alarmante que aún vibra en mis oÃdos, me atrevo sin embargo a preguntar si nuestra presente ignorancia de la Divinidad es una ignorancia a la cual el alma está eternamente condenada.