Eureka
Eureka Pero veamos con claridad qué es lo que Newton probó, de acuerdo con las definiciones de prueba groseramente irracionales prescritas por las escuelas metafísicas. Se vió obligado a contentarse con mostrar de qué manera cabal los movimientos de un universo imaginario, compuesto de átomos atrayentes y atraídos, obedientes a la ley que él enunciara, coincidían con aquellos del universo realmente existente, en la medida en que cae bajo nuestra observación. Tal era el monto de su demostración, es decir, tal era el monto, de acuerdo con la jerga convencional de las «filosofías». Sus éxitos añadieron sucesivas pruebas, pruebas admisibles para una inteligencia sana, pero la demostración de la ley misma, insistían los metafísicos, no había sido reforzada en ningún grado. Mas la «prueba ocular, física» de la atracción aquí, en la tierra, de acuerdo con la teoría newtoniana, fue brindada al fin para gran satisfacción de algunos intelectuales rastreros. Esta prueba surgió de un modo indirecto y casual (como todas las verdades importantes) de una tentativa hecha para medir la densidad media de la tierra. En las famosas experiencias que con este propósito hicieron Maskelyne, Cavendish y Bailly, se vio, se experimentó, se midió, se comprobó matemáticamente que la atracción de la masa de una montaña estaba de acuerdo con la inmortal teoría del astrónomo inglés.