Eureka
Eureka Una fraternidad tan evidente entre los átomos, ¿no indica un origen común? Una simpatía tan universal, tan indestructible, tan absolutamente independiente, ¿no sugiere una paternidad común en su fuente? Un extremo, ¿no impele a la razón hacia el otro? La infinita división, ¿no remite a la absoluta individualidad? La integridad de lo complejo, ¿no alude a la perfección de lo simple? No es que los átomos, tal como los vemos, estén divididos o sean complejos en sus relaciones, sino que están inconcebiblemente divididos y son indeciblemente complejos; aludo ahora a lo extremado de las condiciones más que a las condiciones mismas. En una palabra, ¿no es porque los átomos estuvieron, en alguna época remota, aún más juntos; no es porque en su origen y, en consecuencia, normalmente, fueron uno, que ahora, en todas las circunstancias, en todos los puntos, en todas las direcciones, mediante todas las maneras de acercamiento, en todas las relaciones y en todas las condiciones, luchan por retornar a esa unidad absoluta, independiente, incondicionada?
Algunos quizá pregunten aquí: ¿Por qué, si los átomos luchan por retornar a la unidad, no consideramos y definimos la atracción como una simple tendencia general a un centro? ¿Por qué, en especial, los átomos que usted describe irradiados desde un centro, no vuelven al mismo tiempo, en línea recta, al punto central de origen?