Eureka
Eureka Ahora bien, es absolutamente verdadero que los «últimos principios», en la acepción común de las palabras, siempre implican la simplicidad de los axiomas geométricos (en cuanto a la evidencia por sí misma, no hay tal cosa); pero estos principios no son «últimos»; en otros términos, lo que solemos llamar principios no son tales, hablando en rigor, puesto que no puede haber sino un principio: la voluntad de Dios. Por lo tanto, no tenemos ningún derecho de suponer —partiendo de lo que observamos en esas reglas a las cuales llamamos insensatamente principios—, nada que se refiera a las características de un principio propiamente dicho. Los «últimos principios», a los cuales el doctor Nichol asigna simplicidad geométrica, pueden tener y tienen ese aspecto geométrico, por ser parte integrante de un vasto sistema geométrico, y por ello dotado también de simplicidad, en el cual, sin embargo, el principio verdaderamente último es, como lo sabemos, la consumación de lo complejo, es decir, de lo ininteligible, ¿pues no es ello la capacidad espiritual de Dios?