Eureka
Eureka He citado la observación del doctor Nichol, sin embargo, no tanto por discutir su filosofía, como por llamar la atención sobre el hecho de que, mientras todos los hombres han admitido la existencia de algún principio más allá de la ley de gravedad, todavía no se ha hecho ningún intento de señalar qué es en particular este principio, si exceptuamos, quizá, los esfuerzos ocasionales y fantásticos de referirlo al magnetismo, o al mesmerismo, o al swedenborgismo, o al trascendentalismo, o a cualquier otro ismo igualmente delicioso e invariablemente propiciado por una sola e idéntica especie de gente. El gran espíritu de Newton, mientras se apoderaba con osadía de la ley, retrocedió ante el principio de la misma. La sagacidad de Laplace, más fluida y comprensiva por lo menos, si no más paciente y profunda, no tuvo el coraje de atacarlo. Pero la vacilación de parte de estos dos astrónomos no es quizá muy difícil de comprender. Ellos, como todos los matemáticos de primera línea, fueron sólo matemáticos; su intelecto por lo menos tenía un tono fisicomatemático muy acentuado. Lo que no se hallaba de manera clara dentro del dominio de la física o de la matemática, les parecía una inexistencia o una sombra. Sin embargo, cabe extrañarse de que Leibnitz, que constituía una notable excepción a la regla en este sentido, y cuyo temperamento mental era una mezcla singular de lo metafísico y lo físico-metafísico, no investigara y fijara inmediatamente el punto en cuestión. Tanto Newton como Laplace, al buscar un principio y no encontrar ninguno físico, se hubieran contentado con la conclusión de que no había absolutamente ninguno, pero resulta casi imposible imaginar que Leibnitz, después de agotar en su búsqueda los dominios de la física, no hubiera marchado de inmediato, con audacia y esperanza, por los viejos caminos familiares en el dominio de la metafísica. Aquí, en verdad, debía haberse aventurado en busca del tesoro; si no lo encontró, después de todo fue quizá porque su mágica guía, la imaginación, no estaba lo bastante bien desarrollada para dirigirlo por el buen camino.