La Carta robada
La Carta robada —¡Las dos casas contiguas! —exclamé—. Ustedes han trabajado muchÃsimo.
—MuchÃsimo; pero la recompensa que ofrecen es prodigiosa.
—¿Examinaron también el terreno de las casas?
—Todo el terreno está enladrillado; nos dio poco trabajo. Examinamos las junturas de los ladrillos y estaban intactas.
—¿Examinaron los papeles del Ministro y todos los volúmenes de la biblioteca?
—Por cierto; abrimos todos los paquetes y legajos; no sólo abrimos todos los libros: los examinamos hoja por hoja. Medimos también el espesor de cada encuadernación, con la más cuidadosa exactitud, empleando siempre el microscopio. Si cualquiera de las encuadernaciones hubiera sido tocada para ocultar la carta, lo habrÃamos notado inmediatamente.
—¿Registraron el suelo, bajo las alfombras?
—Removimos todas las alfombras y revisamos los bordes con el microscopio.
—¿Y el empapelado?
—También.
—¿Registraron los sótanos?
—SÃ.
—Entonces —dije— ustedes se han equivocado, y la carta no está en la casa del Ministro.