La Carta robada
La Carta robada —ConsistÃa —dije— en la identificación de su inteligencia con la del contrario.
—Asà es —dijo Dupin—, y cuando le pregunté cómo lograba esa identificación, me respondió: cuando quiero saber lo inteligente, lo estúpido, lo bueno, lo malo que es alguien, o en qué está pensando, trato de que la expresión de mi cara se parezca a la suya y luego observo los pensamientos y sentimientos que surgen en mÃ. Esta contestación del niño contiene toda la sabidurÃa que se atribuyen La Rochefoucauld, La Bruyère, Maquiavelo, Campanella.
—Y esa identificación —dije— depende, si no me engaño, de la precisión con que se adivina la inteligencia de otro.