La Carta robada
La Carta robada »Quiero decir —prosiguió Dupin— que si el Ministro hubiera sido un simple matemático, el Prefecto no me habrÃa entregado este cheque. Yo sabÃa, sin embargo, que era matemático y poeta, y me atuve a esa doble capacidad. Lo conocÃa como cortesano, también, y como un audaz intrigant. Un hombre asÃ, pensé, no podÃa ignorar los métodos habituales de la policÃa. No podÃa no prever los atracos a que serÃa sometido. Tiene que haber previsto, reflexioné, los secretos exámenes de su casa. Comprendà que sus frecuentes ausencias eran deliberadas: el propósito era facilitar los registros, convencer a la policÃa de que la carta no se hallaba en su casa. Comprendà que D. habÃa seguido un razonamiento análogo al mÃo, sobre los invariables principios de la policÃa para buscar objetos ocultos. Ese razonamiento le harÃa desdeñar todos los escondrijos posibles. No podÃa ignorar que los rincones más intrincados y remotos serÃan evidentes a los ojos, a las sondas, a los barrenos y a los microscopios del Prefecto. Vi que la necesidad y la reflexión le aconsejarÃan el empleo de un recurso muy simple.