Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Serían las seis de la mañana cuando nos alcanzó la galerna, acompañada de copiosa lluvia; venía, como de costumbre, del norte. A las ocho había arreciado mucho, picándose el mar en una forma tan terrible que pocas veces había visto algo semejante. A bordo todo estaba cuidadosamente preparado, pero la goleta se movía excesivamente, dando pruebas de sus malas condiciones marinas, cabeceando hasta sumergir el castillo de proa a cada golpe de mar y emergiendo con enorme dificultad de cada ola para quedar sumergida bajo la siguiente.
Poco antes de ponerse el sol, el punto brillante que habíamos estado esperando se presentó hacia el sudoeste, y una hora más tarde vimos que la pequeña vela delantera colgaba inerte contra el mástil. Dos minutos después, y a pesar de todos nuestros preparativos, fuimos tumbados como por obra de magia, y una montaña de espuma cubrió la goleta, que se mantenía escorada. Afortunadamente, el viento del sur no pasó de una ráfaga y tuvimos la buena suerte de enderezar el barco sin haber sufrido el menor daño. Un mar picado y revuelto nos dio mucho trabajo en las horas posteriores, pero a la mañana siguiente nos hallábamos tan bien como antes de la galerna. El capitán Guy consideró que habíamos escapado casi milagrosamente.