Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym 19 de enero.— Hallándonos hoy a los 83° 20' de latitud y a los 43° 5' de longitud oeste, con un mar de color extraordinariamente oscuro, el vigía volvió a señalar tierra, y luego de un atento examen comprobamos que la costa avistada formaba parte de un gran archipiélago. La costa era de acantilados y el interior parecía muy arbolado, lo cual nos alegró mucho. Cuatro horas después fondeábamos con diez brazas y en fondo arenoso a una legua de la costa, pues una intensa resaca, con grandes ondulaciones aquí y allá, no hacía aconsejable una mayor cercanía. Se ordenó bajar los dos botes mayores, y un grupo de hombres bien armados (entre los cuales nos contábamos Peters y yo) salimos a buscar un paso en los arrecifes que parecían circundar la isla. Después de algún tiempo dimos con un pasaje, y nos disponíamos a franquearlo cuando vimos cuatro grandes canoas, que zarpaban desde la costa, llenas de hombres que parecían bien armados. Los esperamos, y como avanzaban con gran rapidez, no tardaron en aproximarse lo bastante como para cambiar palabras. El capitán Guy enarboló un pañuelo blanco en lo alto de un remo y, al verlo, los desconocidos se detuvieron mientras vociferaban cosas incomprensibles, mezcladas con ocasionales gritos entre los cuales alcanzamos a distinguir las palabras «¡Anamoo-moo!» y «¡Lama-Lama!». Continuaron en la misma forma una media hora, durante la cual tuvimos amplia oportunidad de observar su apariencia.