Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Las cosas siguieron así amistosamente durante varios días, en el curso de los cuales algunos grupos de nativos acudieron frecuentemente a la goleta, mientras nuestros hombres desembarcaban para hacer largas excursiones al interior, donde no tropezaban con molestias de ninguna especie. Al advertir con cuánta facilidad podríamos cargar nuestro navío de biche de mer, dada la amistosa actitud de los isleños y lo dispuestos que se mostrarían a ayudarnos en su recolección, el capitán Guy resolvió entrar en tratos con Too-wit a fin de que los salvajes construyeran varios depósitos adecuados para curar el producto y asegurarse sus servicios en la recolección de la mayor cantidad posible del mismo, lo cual debería ocurrir mientras nosotros, aprovechando el excelente tiempo, continuábamos viaje al sur. Cuando mencionó su proyecto al jefe, éste pareció muy dispuesto a llegar a un acuerdo. Así se hizo, con entera satisfacción de ambas partes, y se decidió que después de elegir el terreno adecuado, erigir una parte de los edificios y realizar algunos trabajos, de los cuales participaría la totalidad de nuestra tripulación, la goleta seguiría su viaje, dejando tres hombres en la isla para que vigilaran la terminación de los trabajos e instruyeran a los nativos en la cura de la biche de mer. Con respecto al pago, dependería del trabajo que cumplieran los salvajes en nuestra ausencia. Deberían recibir una cantidad estipulada de cuentas azules, cuchillos, tela roja y otros productos parecidos, a cambio de un número determinado de picules[7] de biche de mer, ya preparados a nuestro regreso.