Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Peters propuso finalmente que tratáramos de asegurarnos de cuál era con precisión nuestro calamitoso estado y que tanteáramos los lÃmites de nuestra prisión, pues quizá hubiera todavÃa alguna abertura por donde escapar. Me aferré ansiosamente a esta esperanza y, decidido a la acción, traté de abrirme camino entre la tierra suelta. Apenas habÃa dado un paso cuando un débil resplandor se hizo lo bastante perceptible para convencerme de que, por lo menos, no morirÃamos en seguida por falta de aire. Esto nos devolvió algo de ánimo, y nos alentamos mutuamente a esperar lo mejor. Luego de encaramarnos sobre un montón de escombros que bloqueaban nuestro avance Hacia la luz, hallamos que el camino era más fácil, y la opresión de nuestros pulmones disminuyó un tanto. Muy pronto fuimos capaces de discernir las cosas que nos rodeaban, descubriendo que nos hallábamos cerca de la extremidad de la galerÃa recta, poco antes de que girara hacia la izquierda. Tras de unos pocos esfuerzos alcanzamos el extremo, y allÃ, con indescriptible alegrÃa, vimos una extensa grieta o hendidura que subÃa hasta perderse a la distancia, en un ángulo de irnos 45°, que a trechos se tomaba mucho más empinado. No podÃamos ver toda la extensión de esta salida, pero como bajaba por ella mucha luz, no dudamos de que en lo alto (si éramos capaces de trepar hasta allÃ) hallarÃamos una comunicación con el aire libre.