Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym La hendidura inclinada apenas tenía ancho suficiente para admitimos de a uno, y, después de algunos infructuosos esfuerzos por llegar a lo alto, empezamos nuevamente a desesperar. Ya he dicho que la cadena de colinas por la cual pasaba la garganta principal estaba formada por una roca blanda que recordaba la esteatita. Los lados de la grieta que intentábamos escalar eran del mismo material, y tan resbaladizos a causa de la humedad que resultaba muy difícil encontrar un punto de apoyo, aun en las partes menos ásperas; en algunos trechos donde la subida era casi vertical las dificultades se agravaban en proporción, y durante un buen rato pensamos que no llegaríamos a superarlas. La desesperación, sin embargo, nos dio coraje; haciendo muescas en aquella blanda roca con nuestros cuchillos de monte, suspendiéndonos peligrosamente de pequeños trozos protuberantes de una roca pizarrosa y mucho más sólida, que asomaba aquí y allá en la masa general, conseguimos llegar finalmente a una plataforma natural desde la cual podíamos ver un jirón de cielo azul en lo alto de un precipicio densamente arbolado.