Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias Dos grados hay, al volver del desmayo a la vida. Por una parte, el representado por el sentimiento de la existencia moral o espiritual, y por otra, el de la sensación de la existencia física. Parece probable que si, al llegar al segundo grado, hubiéramos de evocar las impresiones del primero, volveríamos a encontrar todos los recuerdos elocuentes del abismo trasmundano. Y, ¿cuál es ese abismo? ¿Cómo, al menos, podremos distinguir sus sombras de las de la tumba? Pero si las impresiones de lo que he llamado primer grado no acuden de nuevo al llamamiento de la voluntad, no obstante, después de un largo intervalo, ¿no aparecen sin ser solicitadas, mientras, maravillados, nos preguntamos de dónde proceden? Quien no se haya desmayado nunca no descubrirá extraños palacios y casas singularmente familiares entre las ardientes llamas; no será él que contemple, flotantes en el aire, las visiones melancólicas que el vulgo no puede vislumbrar; no será él que medite sobre el perfume de alguna flor desconocida, ni él que se perderá en el misterio de alguna melodía que nunca hubiese llamado su atención hasta entonces.