Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias El buque y todo lo que hay en él está impregnado de un carácter de vetustez. La tripulación se desliza de una parte a otra como los fantasmas de siglos difuntos; sus ojos muestran una intención anhelante e inquieta; y cuando sus rostros se hallan en mi camino, al extraño resplandor de los faroles almenados, yo sentÃa una impresión que jamás habÃa sentido antes, aunque durante toda mi vida he tenido trato con las antigüedades y me he empapado de las sombras de las arruinadas columnas en Balbec, y Tadmor, y Persépolis, hasta el punto de que mi alma se ha convertido en verdadera ruina…
Cuando miro a mi alrededor, me quedo avergonzado de mis primeras aprensiones. Si yo temblaba ante las ráfagas que nos han acompañado hasta ahora, ¿no habrÃa de quedarme horrorizado ante esta batalla del viento y del océano, para dar una idea de la cual las palabras tornado y simún son completamente ineficaces? Todo en la inmediata vecindad del navÃo ofrece la negrura de una eterna noche, y un caos de agua sin espuma; pero a una legua aproximadamente de cada banda del navÃo, se pueden vislumbrar indistintamente y a intervalos, estupendas murallas de hielo, que se elevan a lo lejos, en el cielo desolado, y parecen ser las paredes del universo…