Narraciones extraordinarias

Narraciones extraordinarias

Mientras tanto, el viento sigue todavía a nuestra popa, y como llevamos una fuerza enorme de vela, el navío a veces llega a saltar en el aire realmente por cima de la mar. ¡Ah!, ¡horror de los horrores! Las masas de hielo se abren súbitamente a derecha y a izquierda, y estamos girando vertiginosamente, en inmensos círculos concéntricos, dando vueltas y vueltas por los bordes de un gigantesco anfiteatro, la cima de cuyas paredes se pierde en la negrura y en la distancia. ¡Pero ya poco tiempo me quedará para meditar en mi destino! Los círculos se van empequeñeciendo rápidamente —nos estamos sumergiendo locamente en las garras de la vorágine—, y entre el bramido, el rugido y el retronar del océano y la tempestad, el buque retiembla todo —¡oh, Dios!— ¡y se hunde!

NOTA. — El Manuscrito hallado en una botella fue publicado por primera vez en 1831, y hasta muchos años más tarde no conocí yo los mapas de Mercator, en que el océano está representado como una precipitación torrencial, por cuatro embocaduras, en el (nórdico) Golfo Polar, para ser absorbido en las entrañas de la Tierra: el propio Polo está representado como un negro peñasco, que se eleva a una altura prodigiosa. — E. A. P.



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