Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias Le acogimos con una cordial bienvenida, pues aquel hombre tenÃa su lado simpático, asà como su lado despreciable, y no le habÃamos visto hacÃa varios años. Como estábamos sentados en la oscuridad, Dupin se levantó entonces para encender una lámpara; pero volvió a sentarse, sin hacer nada, al oÃr decir a G… que habÃa venido para consultarnos, o más bien para pedir su opinión a mi amigo, sobre un asunto oficial que le habÃa ocasionado muchos trastornos.
—Si es un caso que requiere reflexión —observó Dupin, desistiendo de encender la mecha—, lo examinaremos mejor en la oscuridad.
—Esta es otra de sus extrañas ideas —dijo el prefecto, quien tenÃa la costumbre de llamar «extrañas» a todas las cosas que superaban su comprensión, y que vivÃa asà entre una legión completa de «extrañezas».
—Es muy cierto —convino Dupin, ofreciendo a su visitante una pipa y arrastrando hacÃa él un cómodo sillón.
—Y bien, ¿cuál es la dificultad? —pregunté—. Espero que no sea nada relacionado con el género asesinato.