Narraciones extraordinarias
Narraciones extraordinarias —¡Oh, no! Nada de eso. El hecho, el asunto es muy sencillo en realidad, y no dudo que podrÃamos arreglárnoslas bastante bien nosotros solos; pero luego he pensado que a Dupin le agradarÃa oÃr los detalles de esto, porque es sumamente extraño.
—Sencillo y extraño —subrayó Dupin.
—Pues sÃ, y no es exactamente ni una cosa ni otra. El hecho es que nos ha traÃdo grandes quebraderos de cabeza ese asunto por ser tan sencillo y, a la par, tan desconcertante.
—Quizá sea la gran sencillez de la cosa la que los induce al error —dijo mi amigo.
—¡Qué insensatez está usted diciendo! —replicó el prefecto, riendo de buena gana.
—Quizá el misterio sea un poco demasiado sencillo —dijo Dupin.
—¡Oh, Dios misericordioso! ¿Quién ha oÃdo alguna vez semejante idea?
—Un poco demasiado evidente.
—¡Ja, ja, ja! ¡Ja, ja, ja! ¡Jo, jo, jo! —gritaba nuestro visitante, enormemente divertido—. ¡Oh, Dupin! ¿Quiere usted hacerme morir de risa?
—¿De qué se trata, en fin de cuentas? —pregunté.