Libro de las maravillas del mundo
Libro de las maravillas del mundo Y sucedió que el año 1268 de la Encarnación de Cristo, el Gran Khan que reinaba en ese entonces, es decir, Cublai, envió a un barón llamado Baian Cincsan. Baian quiere decir cien ojos. Y al rey de Mangi le habían vaticinado los astrólogos que no perdería su reino más que por medio de un hombre que tuviera cien ojos. Y Baian se vino a Mangi, provisto por el Gran Khan de numerosos hombres de a caballo y a pie. También tenía una flota con hermosísimas naves, que transportaban hombres y caballos y cuanto era menester. Y cuando apareció Baian con toda su gente a la entrada de Mangi, es decir, en la ciudad de Coigangiu (en donde nos hallamos al presente, y de la que hablaremos más tarde), les puso cerco y les intimó a que se rindieran al Gran Khan. Éstos respondieron que no lo harían, y viendo esto Baian, no dijo nada, pasó de largo y se fue a otra ciudad, que tampoco quiso rendirse, y continuó así su marcha. Esto lo hacía porque sabía que el Gran Khan enviaba a retaguardia un poderoso ejército, y así anduvo de villa en villa y de ciudad en ciudad, hasta contar cinco de ellas, sin poderlas tomar y sin que se rindieran; pero a la sexta Baian la cercó y la tomó por la fuerza, y así otra y otra más, hasta llegar a doce, una tras otra, y no quiero extremarme, pero sabed sólo que cuando Baían hubo conquistado todas estas ciudades se fue derecho a la ciudad del reino llamada Quinsai, en donde se hallaban a la sazón el rey y la reina. En cuanto el rey vio a Baian y a su ejército, fue presa de gran terror y se escapó de la ciudad con sus hombres, embarcando sobre un millar de naves, e hizo vela hacia el Océano para refugiarse entre las islas que hay en él. La reina, que se había quedado en la ciudad, por el contrario, hacía cuanto esfuerzo podía por defenderla. Entonces la soberana preguntó por curiosidad cuál era el nombre del ejército que venía en contra de ellos, y le dijeron que Baian, o sea cien ojos. Recordó entonces la profecía del astrólogo, que decía que un hombre así llamado le arrebataría el reino. Y se rindió a Baian, y con la reina se rindieron las demás ciudades, y el resto del reino no opuso más resistencia. Y fue una conquista espléndida, pues en todo el orbe no había un reino que valiera la mitad que aquél.