Libro de las maravillas del mundo
Libro de las maravillas del mundo Tocaron por fin las nácaras y acudieron a las armas. Entonces lanzaron las furias de sus flechas y saetas, que caÃan como lluvia desoladora y cubrÃan el aire; viéronse jinetes cuyos caballos se encabritaban heridos mortalmente. Los gritos y ruidos ensordecedores eran espantosos; no habrÃa podido oÃrse ni al dios del trueno. Y asà siguió la batalla terrible, monstruosa, en que se enfrentaban dos enemigos mortales, y no tardó la tierra en estar cubierta de cadáveres. Agotadas las flechas, pusieron mano a las mazas y corrieron los unos contra los otros, dándose terribles machetazos. La batalla era cruel. Los golpes llovÃan por doquier. Se veÃan cercenar manos y brazos y hombres que se revolcaban en el suelo antes de morir. Y el campo estaba enteramente cubierto de muertos agonizantes.
Y tanto el rey Caidu, que hizo grandes proezas y confortaba sus gentes y les animaba, como el hijo del Gran Khan y el nieto del Preste Juan en el lado opuesto rivalizaban en osadÃa, valor y arrojo.
Fue una batalla de las más crueles que tuvieron los tártaros y hasta las vÃsperas estuvo indecisa, porque cada parte trataba de aniquilar a la contraria.
HabÃa tantos muertos que daba horror el verlos. Y quedaron muchas viudas y huérfanos, y otras damas lloraron toda la vida aquel dÃa, y eran las madres y hermanos de los que murieron.