Dias de lectura
Dias de lectura Muy pronto, en esta afición y esta diversión que es la lectura, la preferencia de los grandes escritores se decanta por las obras de los autores antiguos. Aquellos que a sus contemporáneos les parecieron los más «románticos» no leÃan sino a los clásicos. En la conversación de Victor Hugo, cuando habla de sus lecturas, los nombres que más se repiten son los de Molière, Horacio, Ovidio y Regnard. Alphonse Daudet, el menos libresco de los escritores, cuya obra totalmente moderna y llena de vida parece haber rechazado cualquier herencia clásica, leÃa, citaba y comentaba constantemente a Pascal, Montaigne, Diderot y Tácito[34]. Casi se podrÃa decir, resucitando quizá con esta interpretación totalmente parcial por otra parte, la vieja distinción entre clásicos y románticos, que son los públicos (los públicos inteligentes, claro está) los que son románticos, mientras que los maestros (incluso los llamados románticos, los maestros preferidos de los públicos románticos) son clásicos. (Una observación que se podrÃa extender a todas las artes. El público va a oÃr la música de monsieur Vincent d’Indy, y monsieur Vincent d’Indy estudia la de Monsigny[35]. El público va a las exposiciones de monsieur Vuillard y de monsieur Maurice Denis mientras éstos van al Louvre). Y ello es debido sin duda a que los escritores y los artistas originales, que son los que hacen accesible y deseable para el público el pensamiento contemporáneo, lo tienen en cierto modo tan incorporado que un pensamiento diferente los divierte más. Les exige más esfuerzo, y también les da más placer; cuando uno lee, siempre le gusta salir un poco de sà mismo, viajar.