Dias de lectura
Dias de lectura Las Memorias de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, como las de la condesa de Boigne, son conmovedoras porque dan a la época contemporánea, a nuestros dÃas que vivimos sin belleza, una perspectiva bastante noble y bastante melancólica, colocándolos en el primer plano de la historia. Nos permiten pasar fácilmente de las personas que hemos conocido en la vida —o que han conocido nuestros padres— a los padres de esas personas que, siendo autores o personajes de estas Memorias, han podido asistir a la Revolución y ver pasar a MarÃa Antonieta. De modo que las personas que hemos podido ver o conocer —las que hemos visto con los ojos de la carne— son como los personajes de cera de tamaño natural que, en primer plano de los cuadros vivientes, pisando hierba de verdad y enarbolando un bastón comprado en una tienda, parecen pertenecer a la muchedumbre que los contempla y nos conducen poco a poco hasta el telón pintado del fondo al que dan, gracias a hábiles transiciones, la apariencia del relieve de la realidad y de la vida. Asà es como a partir de esta madame de Boigne, nacida D’Osmond, criada, nos dice, sobre las rodillas de Luis XVI y MarÃa Antonieta, he visto con frecuencia en el baile, cuando era adolescente, a su sobrina, la anciana duquesa de Maillé, nacida D’Osmond, más que octogenaria, pero todavÃa soberbia, con su cabello gris que, al dejar su peinado la frente despejada, hacÃa pensar en la historiada peluca de tres rulos de un magistrado. Y recuerdo que mis padres cenaban con frecuencia con el sobrino de madame de Boigne, monsieur D’Osmond, para quien ella escribió sus memorias y cuya fotografÃa encontré entre sus documentos, junto con muchas cartas que les envió. De modo que mis primeros recuerdos de baile unidos a los relatos, un poco más imprecisos para mÃ, pero muy reales para mis padres, se unen por un vÃnculo ya casi inmaterial a los recuerdos que madame de Boigne habÃa conservado y nos relata de las primeras fiestas a las que asistió: todo ello entreteje una trama de frivolidades, aunque poética, porque acaba con la consistencia de un sueño, puente ligero que va del presente a un pasado ya lejano y que une, para hacer más viva la historia y casi histórica la vida, la vida con la historia.