La fugitiva

La fugitiva

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Amiga mía, precisamente iba a escribirte y te agradezco que me hayas dicho que, si te hubiera necesitado, habrías acudido corriendo; está bien por tu parte que comprendas de forma tan elevada la abnegación para con un antiguo amigo y mi estima por ti ha de aumentar por fuerza con ello, pero no, no te lo había pedido y no te lo pediré; volver a vernos, al menos de aquí a mucho tiempo, tal vez no te resultara doloroso, muchacha insensible. Para mí, a quien a veces consideraste tan indiferente, lo sería mucho. La vida nos ha separado. Tú has adoptado una decisión que yo considero muy acertada y lo has hecho en el momento deseado, con un presentimiento maravilloso, pues partiste el día siguiente a aquel en que acababa yo de recibir el asentimiento de mi madre para pedir tu mano. Te lo habría dicho al despertarme, cuando recibí su carta (¡al mismo tiempo que la tuya!). Tal vez hubieras temido apesadumbrarme al marcharte justo entonces y tal vez habríamos unido nuestras vidas mediante lo que habría sido para nosotros —¿quién sabe?— la desdicha. Si hubiera debido ser así, que Dios te bendiga por tu sensatez. Perderíamos todos sus frutos al volver a vernos. No es que no sería una tentación para mí, pero no es un gran mérito por mi parte resistirla. Ya sabes lo inconstante que soy y lo rápidamente que olvido. De modo, que no soy digno de compasión precisamente. Tú me lo has dicho muchas veces: soy sobre todo un hombre de hábitos. Los que estoy empezando a adquirir sin ti no están aún muy arraigados. Evidentemente, en este momento los que tenía contigo y que tu partida ha trastocado siguen siendo los más fuertes. No lo serán durante mucho tiempo más. Precisamente por eso, había pensado en aprovechar estos últimos días —en los que vernos no será aún para mí lo que será dentro de dos semanas, antes tal vez (perdóname la franqueza): un trastorno— para zanjar contigo, antes del olvido final, pequeñas cuestiones materiales en las que habrías podido prestar, como buena y encantadora amiga, un servicio a quien durante cinco minutos se creyó tu prometido. Como yo no dudaba de la aprobación de mi madre, como, por otra parte, deseaba que tuviéramos cada uno de nosotros toda esa libertad que tú me habías ofrecido demasiado amable y abundantemente en un sacrificio que se podía admitir para una vida en común de unas semanas, pero que tan odioso habría resultado para ti como para mí, en vista de que íbamos a pasar nuestra vida juntos (casi me apena al escribirte pensar que estuvo a punto de suceder, que por unos segundos no haya sido así), había pensado en organizar nuestra existencia de la forma más independiente posible y, para empezar, quería que tú tuvieras ese yate en el que habrías podido viajar, mientras yo, demasiado enfermo, te habría esperado en el puerto: había escrito a Elstir para pedirle consejo, porque su gusto te complace, y en tierra me habría gustado que tuvieras tu automóvil propio, tuyo y sólo tuyo, en el que saldrías, viajarías, cuando gustaras. El yate estaba ya casi listo, se llama, conforme a tu deseo expresado en Balbec, El Cisne, y, al recordar que tú preferías más que ninguna otra la marca Rolls, había encargado uno. Ahora bien, como no vamos a volver a vernos nunca más, como no espero poder lograr que aceptes el barco ni el coche (a mí no me servirían para nada), había pensado —puesto que los había encargado a un intermediario, pero a tu nombre— que tal vez podrías librarme de ese yate y ese coche inútiles anulando el encargo, pero, para eso como para muchas otras cosas, tendríamos que haber hablado. Ahora bien, creo que, mientras exista la posibilidad de que vuelva a amarte, que no durará demasiado, sería una locura vernos, por un barco de vela y un Rolls-Royce, y poner en juego la felicidad de tu vida, en vista de que, según tú, consiste en vivir lejos de mí. No, prefiero conservar el Rolls e incluso el yate y, como no los utilizaré y podrían quedarse para siempre en el puerto, desarmado —uno— y —el otro— en el garaje, mandaré grabar en el yate (Dios mío, no me atrevo a poner un título inexacto y cometer una herejía que te escandalizaría) estos versos de Mallarmé, que te gustaban:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker