La fugitiva
La fugitiva Un cigne d’autrefois se souvient que c’est lui
Magnifique, mais qui sans espoir se délivre
Pour n’avoir pas chanté la region où vivre,
Quand du stérile hiver a resplendi l’ennui.[1]
Como recordarás, es el poema que comienza asÃ: «Le vierge, le vivace et le bel aujourd’hui»[2]. Hoy ya no es —¡ay!— ni virgen ni hermoso, pero quienes, como yo, saben que muy pronto harán de él un «mañana» soportable no son soportables precisamente. En cuanto al Rolls, tal vez habrÃa merecido estos otros versos del mismo poeta, que, según decÃas, no podÃas entender:
Dis si je ne suis pas joyeux
Tonnerre et rubis aux moyeux
De voir en l’air que ce feu troue
Avec des royaumes épars
Comme mourir pourpre la roue
Du seul vespéral de mes chars.[3]
Adiós para siempre, mi querida Albertine, y gracias de nuevo por el hermoso paseo que dimos juntos la vÃspera de nuestra separación. Conservo muy buen recuerdo de él.