La fugitiva
La fugitiva Dicen que una pronta marcha os aleja de nosotros.
Seguramente ese motivo para la partida de Hipólito es accesorio —podemos pensar— en comparación con el de la muerte de Teseo e igualmente, cuando, unos versos más abajo, Fedra aparenta por un instante haber sido mal entendida:
Habré perdido todo cuidado por mi gloria,
podemos creer que es porque Hipólito ha rechazado su declaración:
Señora, ¿olvidáis que
Teseo es mi padre y vuestro esposo?
Pero, aunque no hubiera expresado esa indignación, Fedra, ante la felicidad alcanzada, habrÃa podido tener la misma sensación de que valÃa poca cosa, pero, en cuanto ve que no se ha alcanzado, que Hipólito cree haber entendido mal y se disculpa, entonces quiere, como yo al acabar de devolver la carta a Françoise, que la negativa proceda de él, quiere llevar hasta sus últimas consecuencias su suerte:
¡Ah, cruel! Me has entendido demasiado bien.
Y tampoco faltan en esa escena las duras palabras dirigidas por Swann a Odette o las mÃas a Albertine y que substituyen el amor anterior por otro nuevo, compuesto de piedad, enternecimiento y necesidad de efusión y que no hace sino variar el primero:
Tú me odiabas más y yo no te amaba menos.
Tus desdichas te atribuÃan nuevos encantos.