Los placeres y los dias
Los placeres y los dias Os entrego este libro. ¡Ay! sois el único de mis amigos cuyas crÃticas no debo temer. Tengo por lo menos la confianza de que en ninguna parte os llegará a chocar la libertad del tono. Nunca he pintado la inmoralidad más que en seres de una delicada conciencia. Por eso, demasiado débiles para querer el bien, demasiado nobles para gozarse plenamente en el mal, sin conocer otra cosa que el sufrimiento, no he podido hablar de ellos más que con una compasión demasiado sincera para que no purificase estos pequeños ensayos. Que el amigo verdadero, el Maestro ilustre y bienamado que le agregaron, uno la poesÃa de su música, el otro la música de su incomparable poesÃa; que el señor Darlu, también, el gran filósofo cuya palabra inspirada, de perduración más segura que un escrito, engendró la poesÃa, dentro de mà como en tantos otros, me perdonen el haberos reservado esa prenda última de afecto, al recordar que ningún vivo, por grande o por caro que sea, debe ser honrado sino después que un muerto.
Julio de 1894