Los placeres y los dias
Los placeres y los dias Se le dice señor a un barĂłn, a un vizconde, a un conde; pero âbuen dĂa, señor marquĂ©sâ, les parecĂa chato y âbuen dĂa, marquĂ©sâ demasiado familiar, dadas sus edades. Se resignarĂan a decir âprĂncipeâ y âseñor duqueâ aunque ese Ășltimo use les pareciese irritante. Cuando llegaban a las Altezas, se turbaban; Bouvard, halagado por sus relaciones futuras, imaginaba mil frases en que aparecĂa ese llamado en mil formas; lo acompañaba con una sonrisita ruborizada, inclinando un poco la cabeza y saltando sobre sus piernas. Pero PĂ©cuchet declaraba que se extraviarĂa, se embarullarĂa siempre o se echarĂa a reĂr en la nariz del prĂncipe. En una palabra, para no sufrir tantas molestias, no irĂan al barrio de Saint Germain. Pero es que tiene acceso a todas partes y sĂłlo de lejos parece un todo compacto y aislado⊠Por lo demĂĄs, se respetan aĂșn mĂĄs los tĂtulos en la alta banca y en cuanto a los de los rastacueros son innumerables. De acuerdo a PĂ©cuchet habĂa que ser intransigente con los nobles supuestos y afectar la negaciĂłn de su partĂcula aun en los sobres de las cartas o hablando a sus sirvientes. Bouvard, mĂĄs escĂ©ptico, no veĂa en ello mĂĄs que una manĂa mĂĄs reciente, pero tan respetable como la de los antiguos nobles. Por lo demĂĄs, la nobleza ya no existĂa para ellos, desde que habĂa perdido sus privilegios. Es clerical, atrasada, no lee, no hace nada, se divierte tanto como la burguesĂa; respetarla les parecĂa absurdo. SĂłlo su frecuentaciĂłn era posible, porque no excluĂa el desprecio. Bouvard declarĂł que para saber dĂłnde frecuentarĂan, hacia quĂ© barrios se aventurarĂan una vez por año, cuĂĄles serĂan sus costumbres y sus vicios, habĂa que trazar ante todo un plano exacto de la sociedad parisiense. Para Ă©l comprendĂa el barrio de Saint Germain la finanza, los rastacueros, la sociedad protestante, el mundo de las artes y los teatros, el mundo oficial y sabio. El barrio, en opiniĂłn de PĂ©cuchet, ocultaba bajo sus rĂgidas apariencias, el libertinaje del antiguo rĂ©gimen. Todo noble tiene queridas, una hermana religiosa y conspira contra el clero. Son valientes, se endeudan, arruinan y castigan a los usureros, a inevitablemente son los campeones del honor. Reinan por la elegancia, inventan modas extravagantes, son hijos ejemplares, afectuosos con el pueblo y duros con los banqueros. Siempre espada en mano o con una mujer a la grupa, sueñan con la vuelta a la monarquĂa, son terriblemente ociosos, pero no altivos con la buena gente, ponen en fuga a los traidores e insultan a los cobardes y merecen por cierto aspecto caballeresco nuestra inquebrantable simpatĂa.