Los placeres y los dias

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Por el contrario; la finanza considerable y enfurruñada inspira respeto pero aversión. El financista está preocupado en el más alocado de los bailes. Uno de sus innumerables empleados llega siempre a darle las últimas noticias de la Bolsa, así sean las cuatro de la mañana; oculta a su mujer sus mayores aciertos y sus peores desastres. Nunca se sabe si es un potentado o un ladrón; es alternativamente uno y otro sin previo aviso y a pesar de su inmensa fortuna desaloja implacablemente al pequeño inquilino atrasado sin hacerle la gracia de un alquiler, a menos que quiera hacer de él un espía o acostarse con su hija. Por lo demás, está siempre en coche, se viste sin gracia y lleva anteojos por lo común.

No sentían mucho más vivo afecto por la sociedad protestante; es fría, estirada, sólo da a sus pobres y se compone exclusivamente de pastores. El templo se parece demasiado a la casa y la casa es triste como el templo. Siempre se queda un pastor a almorzar; los sirvientes hacen observaciones a los amos citando versículos de la Biblia; temen demasiado la alegría y para no tener algo que ocultar traslucen en la conversación con los católicos un permanente rencor por la revocatoria del edicto de Nantes y la San Bartolomé.



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