Los placeres y los dias

Los placeres y los dias

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—Ya es tiempo de partir, tienes razón —dijo ella a Genoveva.

Se levantaron ambas. Pero el azar de unas palabras que un amigo de Genoveva tenía que decirle, dejó sola a Francisca en el vestuario. En ese momento sólo estaba allí el señor de Laléande, que no podía encontrar su bastón. Pasó junto a ella, movió ligeramente el codo de Francisca con el suyo y con los ojos brillantes, dijo en el momento en que estaba junto a ella, pareciendo buscar siempre

—Venga a mi casa, calle Royale número 5.











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